¿Qué dice la Biblia sobre el dinero?
Algunos crecieron oyendo que el dinero es malo. Otros oyeron que si solo das, te vas a hacer rico. Ninguna de las dos es la historia completa, y esa confusión mantiene estancada a mucha gente.
La Biblia no dice que el dinero sea malo; advierte que el amor al dinero es raíz de toda clase de males (1 Timoteo 6:10). Enseña que Dios es la fuente de la capacidad para producir riqueza (Deuteronomio 8:18), que debemos dar primero y con generosidad (Proverbios 3:9), planear y trabajar con diligencia (Proverbios 21:5), no dejarnos esclavizar por las deudas (Proverbios 22:7) y dejar herencia a los hijos de nuestros hijos (Proverbios 13:22). El dinero es una herramienta para administrar según los propósitos de Dios.
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Jesús contó la historia de tres siervos
Un señor les dio dinero a tres siervos para que lo administraran mientras él viajaba. Dos lo invirtieron y lo duplicaron. El tercero, con miedo, enterró el suyo. Cuando el señor regresó, elogió a los dos que multiplicaron lo que tenían y reprendió al que lo escondió por miedo (Mateo 25:14-30). Jesús no estaba enseñando que el dinero es malo. Estaba enseñando que lo que Dios pone en tus manos está hecho para crecer.
Cinco cosas que la Biblia dice sobre el dinero
Dios es la fuente. Tu talento, tu trabajo y tus oportunidades vienen de Él (Deuteronomio 8:18).
Da primero. Las primicias, no las sobras: darle a Dios antes que a cualquier otra cosa mantiene el dinero en su lugar (Proverbios 3:9-10; 2 Corintios 9:7).
Planea y construye. La planeación diligente lleva a la abundancia (Proverbios 21:5); la riqueza que se junta con trabajo constante crece (Proverbios 13:11).
Cuidado con las deudas. El que pide prestado es siervo del que presta (Proverbios 22:7). Las deudas no están prohibidas, pero limitan tu libertad.
Piensa en generaciones. La persona buena deja herencia a los hijos de sus hijos (Proverbios 13:22).
El corazón detrás de todo
Jesús dijo que no puedes servir a Dios y al dinero (Mateo 6:24). La pregunta no es cuánto tienes, sino quién ocupa el primer lugar. Cuando lo ocupa Dios, el dinero se vuelve una herramienta para proveer para tu familia, bendecir a otros y construir cosas que te sobrevivan.
Lo que dice la Biblia
- 01
De dónde viene el poder para producir riqueza.
“Recuerda siempre que el Señor tu Dios es el que te da el poder para obtener las riquezas, y él lo hace para cumplir la promesa hecha a tus antepasados.”
Deuteronomio 8:18 - 02
Dar primero.
“Honra al Señor con tus riquezas y con los primeros frutos de tus cosechas. Así tus graneros se llenarán hasta reventar, y tus bodegas rebosarán de vino nuevo.”
Proverbios 3:9–10 - 03
El verdadero peligro.
“porque ¡el amor al dinero es la raíz de todos los males! Hay quienes han dejado la fe por correr tras las riquezas y al fin se han causado a sí mismos muchísimos sufrimientos.”
1 Timoteo 6:10 - 04
Una herencia para los nietos.
“El hombre bueno deja herencia a sus nietos; las riquezas del pecador se quedan para los justo.”
Proverbios 13:22 - 05
A quién sirves.
“»Nadie puede servir a dos amos. No puedes servir a Dios y al dinero, pues amarás a uno y odiarás al otro, o servirás a uno y despreciarás al otro.”
Mateo 6:24 - 06
Lo que hacen las deudas.
“Así como el rico es amo del pobre, el que pide prestado es siervo del que le presta.”
Proverbios 22:7
Escrituras de la Nueva Biblia Viva.
Lee hoy la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30) y pregúntate: ¿qué ha puesto Dios en mis manos que he estado enterrando por miedo?
Preguntas frecuentes
¿Está mal ser rico?
No. Abraham, Job, David y otros fueron ricos y fieles. La Escritura advierte contra confiar en las riquezas y amar el dinero, no contra tenerlo (1 Timoteo 6:17-19).
¿Dios quiere que sea pobre?
La Escritura nunca presenta la pobreza como algo más santo. Dios cuida de los pobres y llama a Su pueblo a hacer lo mismo, y también le da a la gente la capacidad de construir y proveer.
¿Cuánto debo dar?
Da primero, con alegría y generosidad, y deja que eso crezca con el tiempo (2 Corintios 9:7). Muchos creyentes empiezan con el diezmo, la décima parte, como una manera de poner a Dios primero.
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